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Voy a intentar hablar rápido y resumido de comepollas y babosos intelectuales. En ocasiones me imagino caminando por un camino de gravilla que va atravesando un ostentonso jardín, en medio una cansa no menos ostentosa, de esas casas de época. Entro y ya oigo voces suaves y huelo el humo de los puros. Abro las puertas del salón-biblioteca y allí las paredes colmadas de estanterías rebosantes de bellos, ilustrantes, antiguos libros, receptáculos mágicos de sabiduría y basijas sagradas de esencias humanas; cortinas de suave y cálido e incitante terciopelo rojo se anteponen a las ventanas; Alfombras de tonos marrones traídas de la lejana persia, tierra de imperios y de arena, de nómadas dominando el desierto, descansan estiradas sobre el suelo cual bellas mujeres esperando el alba en su jergón cubierto de plumas y pétalos de rosa; suntuosos butacones de cuero y detalles en regio roble. Allí se ufanan hombres de pluma en mano por dominar las palabras, haciendo piruetas y cabriolas con las frases enganchadas en la punta de sus estilográficas; las mejillas hinchadas, el cuello replegado para la voz con sus versos recitados. De los comepollas poco hay que decir, casi con toda seguridad todos hemos sido comepollas en algún momento. Comepollas es aquel o aquella que de forma gratuita hace halagos, bonitas y adornadas reflexiones sin sentimiento. Si juntas a los comepollas y a los babosos intelectuales te encuentras a lo peor de la blogosfera (mierda de palabra joder), y mira que hay basura y desperdicio en ella.
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