El mayor Tom solía pasar los días sentado en su nave contando las habichuelas que le quedaban en una lata de conservas. Hacía mucho tiempo que había dejado el mensaje para su mujer y se había despedido del control de tierra. Se aburría bastante flotando sin rumbo ni dirección, pero lo cierto es que tenía demasiado miedo de pulsar el botón de encendido en la consola y que desde el control de tierra le dijeran que habían encontrado la manera de hacerle volver. Y si los coches ya no andaban por las carreteras sino que surcaban el aire, y si su mujer tenía una nueva familia, con niños y un perro al que llamabán Totó; o peor aún, y si su mujer no tenía a nadie y todavía le esperaba...
Dorothy se sentía maravillada por las tierras de Oz. Disfrutaba de la compañía que le hacían sus nuevos compañeros de aventuras, tan icónicamente gays ellos, lejos de la aviesa vecina que quería separarla de su querido Totó. En ciento modo alejada de lo que le era propio había encontrado un poco de calma, recorría un camino para volver sin saber si quería volver. Caminaba sin querer saber sin encontraría la meta; y de encontrarla no sabía si la cruzaría. Un día tan igual como cualquier otro Dorothy comprendió una cosa en su cándida inocendia de los años 30, en el fondo deseaba demasiado volver y ensartarse en la enorme verga del sirviente negro de sus vecinos los Smith, quería sentirla dentro, muy profundo, lubricada por sus propio fluidos. Anhelaba la cocaína y las luces de colores. Se agachó, acarició dulcemente la cabeza de su querido Totó y le dijo "Es hora de volver a casa pequeñín"
Yo hace años que dejé mi casa, la descuidé, dejé que los okupas se hicieran con ella. Me hice a la idea de que no necesitaba aquella casa, en realidad ninguna casa. Marché al borde exterior del fin del mundo donde las esferas flotan calmadas en sus órbitas circulares, en alguna ocasión rozando la realidad pero sin dejarse vencer por la gravedad. Ayer me dormí queriendo volver a casa y al despertarme hoy seguía queriéndolo. Quizá mi casa ya no esté allí para mí, quizá fue destruida, quizá todas mis huellas fueron borradas y ya no me pertenece, o tal vez, simplemente, pertenece a otra persona. No importa, las causas perdidas siempre han sido mis favoritas. "Totó, creo que es hora de intentar volver a casa" él me miró con la duda en los ojos, diciendo en silencio que no creía que pudiera conseguirlo. Le miré, él me miró, le dije "Tengo que hacerlo" y él me respondió "Hazlo pues".
Jarttita July 15, 2009 07:38 PM PDT E.T. también añoraba su casa:p
Luis July 16, 2009 09:38 AM PDT Sí, pero ET era un puto muñeco de plástico, y mejor le era ser muñeco, porque como extraterrestre... Por cierto, que bicho más feo era ET por Dios. Nunca acabé de verle la gracia a la película, a pesar de que por momentos ET era entrañable, de todas formas Drew tampoco le vio la gracia por eso se tuvo que dar a las drogas, y al lesbianismo.
Un paseo sin destino, sólo un rumbo imposible como lo es volver atrás. Nunca va la arena hacia arriba... nunca; y la distancia lo es todo, todo lo que no se puede tener.